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Revista VIDA COMUNITARIA


En busca de la identidad

 
La Agrupación Quiénes Somos es una organización civil que nuclea a centenares de personas que buscan desentrañar su identidad biológica. En su mayoría, fueron adoptados ilegalmente, apropiados o comprados, pero un denso pacto de silencio les impidió conocer la verdad. En esta entrevista, Graciela Palma y María Rosa Pallone cuentan la historia de esta agrupación solidaria.

El 16 de marzo de 2002, un grupo de personas que buscaban su verdera identidad biológica decidieron reunirse, pues no existía ningún organismo oficial que se dedicara a investigar los casos de apropiación de menores, fuera del período 1976/1983. Así surgió la Agrupación Quiénes Somos, una organización no gubernamental, sin fines de lucro. La mayoría de sus integrantes fueron anotados como propios por su familia de crianza, confeccionando partidas de nacimiento "legales pero ilegítimas". Otros, tienen expedientes de adopción que adolecen de severas irregularidades. Además de intentar resolver los casos individuales, la Agrupación reclama que el Estado abra los archivos de los Libros de Parto y que se amplíe la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Co.Na.Di), abarcando esta problemática. Conversamos con María Rosa Pallone y Graciela Palma, dos integrantes de esta singular agrupación horizontal, solidaria y participativa.

¿Cuáles son los comienzos de la Agrupación?
María Rosa: El 10 de abril de 2001 salió una nota en el diario "Clarín", contando mi historia. El título era: "Un análisis de sangre le reveló que era adoptada y su madre, negra". Esto lo descubrí cuando me diagnosticaron una enfermedad genética propia de la raza negra. Yo había hablado con Armando Vidal, un periodista del diario, y supuse que iba a publicar una carta de lectores, pero salió una página con fotos a color. Se armó un revuelo. Todos los canales de televisión, todas las radios se interesaron en esta historia. Hablé con todos los medios, menos con Radio 10. Y, entonces, comenzaron a llamarme muchas personas que también buscaban su identidad, que encontraron mi teléfono en la guía y se pusieron en contacto. Fue con ellos que comenzamos a preguntarnos: ¿A dónde vamos? ¿Por dónde empezar? Decidimos dirigirnos a la Defensoría del Pueblo de la Nación. Allí, hablamos con la doctora Mariana Becerra y le dijimos que algo había que hacer, porque nosotros: ¿Quiénes somos? Y así surgió el nombre de la Agrupación, que el 16 de marzo de 2002 se reunió por primera vez. Todos los martes y jueves, de 13 a 15 hs., no vemos en la Defensoría.
Graciela: Hay que aclarar que la Defensoría sólo nos cede el espacio de reunión, que no pertenecemos a ella. Allí, recibimos a la gente que se acerca y tratamos de orientarlos en la búsqueda.

¿Cuántas personas están integrando actualmente la Agrupación?
María Rosa: Tenemos registradas alrededor de mil quinientas personas. Pero, en Argentina, según las estadísticas de un médico sanitarista cordobés, el Doctor Horacio Barri, hay más de un millón y medio de personas sin su verdadera identidad. Él se interesó mucho en este tema y, cuando se presenta algún caso en esa provincia, nos ayuda y orienta a las personas.
Graciela: Somos alrededor de quince personas las que sostenemos a la Agrupación, que estamos asesorando y orientando a cualquiera que se acerque con sus inquietudes. La Agrupación está integrada únicamente por personas que comparten esta problemática, dado que no todo el mundo está en condiciones emocionales para enfrentar este trabajo, que es muy duro. Cuando vamos a ver a un funcionario, y nos compara con el robo de autos, que nunca se va a saber quién es el culpable, uno tiene que estar muy fuerte para escuchar esas respuestas. Hay personas que se acercan una vez, y pasan dos meses y recién vuelven, porque necesitan tiempo para decidir encarar la búsqueda. Aquí se sienten contenidos , no se sienten solos, porque en algún punto de cada historia personal, hay cosas en común: la partida de nacimiento irregular, el ocultamiento de la familia.
Nosotros, además de la orientación, de exigirle al Estado, a nuestros representantes, organizamos jornadas de reflexión, para que la gente tome conciencia de que se deben realizar las adopciones legalmente, que no tienen que pagar por una criatura y que no hay que ocultarle al niño que es adoptado (porque ellos, internamente, lo saben).
María Rosa: Cada uno de nosotros, de a poco nos fuimos dando cuenta, por una circunstancia u otra, de que no éramos los hijos biológicos de las personas que nos habían criado. Nosotros tenemos partidas de nacimiento que son legales, pero ilegítimas. Al decir legales, decimos que tienen todos los sellos que les hacen falta. Al decir ilegítimas, afirmamos que los datos volcados en esos documentos públicos son falsos. Somos bebés apropiados, no adoptados, que sufrimos adulteración de documento público y sustracción de identidad. Un delito que, según los pactos internacionales, es de lesa humanidad y que, por lo tanto, no prescribe. Nos consideramos víctimas del tráfico de niños. No conocemos la historia de nuestras madres biológicas, no sabemos siquiera sus nombres. Se trata en general de chicas pobres, solteras, que venían de las provincias y su embarazo resultaba de una aventura.

¿Es este el perfil más frecuente entre los casos que registra la Agrupación?
María Rosa: Te muestro mi partida de nacimiento. Yo nací el 14 de agosto de 1946, en el hospital Fernández de Capital Federal, que queda a 3 cuadras de la que era mi casa, porque yo viví después en Seguí y Ugarteche. Mi mamá biológica me nombró Norma Irma, sin apellido, y donde dice "padre" y "madre", los espacios están en blanco. Los testigos del nacimiento son empleados del hospital y en el documento constan los dichosos sellos oficiales. Por eso es que el Estado no se puede desentender, porque es obvio que una partida de nacimiento de esta naturaleza es ilegal. Luego, mis padres de crianza, Petrona Cinqualdre y Bautista Pallone, me llamaron María Rosa y anotaron mi nacimiento en la calle Juan Francisco Seguí 3714. Con estos datos viví engañada hasta los 52 años, cuando por un análisis de sangre, descubrí que soy hija apropiada. Mi madre, según pude averiguar, era una mujer joven que vivía en la casa de los Ortiz Basualdo, sita en Av. Del Libertador y Ugarteche; o sea, enfrente de mi domicilio.

¿Cómo descubren que quienes los criaron no son sus padres biológicos?
Graciela: En mi caso, y en el de muchos compañeros, lo supe siempre. Desde los cinco años, como no podía expresarme, comencé a somatizar. Me cambiaban de psicólogo constantemente. Cuando el profesional le decía a mis padres que yo no tenía nada, que yo sabía o intuía que era adoptada, que debían decirme la verdad, me llevaban a otro psicólogo. Recién en mi adolescencia me contaron su "versión": que mi madre era una prostituta y que me iba a tirar a la basura. A mí no me cerró la historia que me contaron, pero no indagué más porque sentía algo de culpa, porque: ¿como les iba a hacer eso a mis padres de crianza? Hasta que, hace tres años atrás, cuando cumplí 40 años, logré que me dieran datos para poder encontrar a mi madre biológica. Ahí me empezaron a cerrar un montón de cosas a las que, en su momento, no les había dado importancia. Mi madre biológica era pelirroja, con la nariz ancha (cuando yo era chica me ponían un broche en la nariz para que se me afinara). Mi madre era de origen ruso o polaco y, no casualmente, en mi adolescencia yo quise estudiar traductorado de ruso y mis padres pusieron el grito en el cielo. Pero, además, mi hija es igual a mí, pero rubia y de ojos claros, con rasgos eslavos. Que mi hija se me parezca, algo que no pude sentir nunca en mi infancia respecto de mis padres, me dio fuerzas para comenzar con la búsqueda.

¿Cuáles fueron los primeros indicios?
Graciela: Yo no tengo fotos de cuando era bebé. Las primeras, son a partir del año de vida y nadie supo explicarme esa falta. No hay explicaciones coherentes porque, en definitiva, lo que predomina es el pacto de silencio. Nunca te llegan a decir toda la verdad. Uno puede sumar piezas de ese rompecabezas en que que se convierte nuestra infancia sólo con los datos que se les escapan. A veces, la tomo por sorpresa a mi mamá de crianza, le hago preguntas, la agarro desprevenida y se le escapa algo. Muchos compañeros han atravesado esta situación, sintiendo que no encajan en el ámbito familiar. En el documental que filmamos, uno de ellos plantea que la mayoría de las veces cuando entra un niño a un hogar y es adoptado, entra el chico pero no su historia. Eso no debe ser así. Yo guardo una copia del certificado de la partera que dice que nací en mi casa, y es mentira. No sé ni la fecha exacta de mi nacimiento. Ese certificado está escrito a máquina, como hacía todos sus trabajos mi papá, el abogado. Lo único que tiene es la firma de la partera con su matrícula y con eso me fueron a anotar como hija propia. La gente prefiere adoptar bebés, como si así pudieran criarlos a su semejanza, olvidando que esa criatura tiene una historia previa que no puede ser borrada, que debe ser respetada. También hay otro aspecto importante, vinculado a su herencia genética. En el caso de mi hija, falta la mitad de esa historia, y desconocemos posibles antecedentes de enfermedades hereditarias.
María Rosa: A mí, a los 52 años me hacen un análisis de sangre, porque tenía las plaquetas muy bajas. Y se descubre que tengo una anemia especial, una enfermedad propia de la raza negra y que es un resto de la malaria. Cuando el médico termina de explicarme el origen hereditario de esta enfermedad, me paro y le digo: "Entonces, doctor, yo soy hija adoptiva".

Cuando se realiza una adopción legalmente, en el juzgado se conservan los antecedentes del niño...
María Rosa: Sí, y el propio interesado puede consultar el expediente a partir de los 16 años.
Graciela: Cuando la adopción es legal, en el margen izquierdo de la partida de nacimiento constan los datos del juzgado y el número de expediente, hasta el nombre que tenía y el que deciden los adoptantes. Muchos compañeros lograron llegar a sus expedientes y enterarse de los datos de su madre y en qué circunstancias fueron entregados en adopción. Se han producido reencuentros, a partir de los cuales se establece una buena relación con la madre biológica. En muchos casos, se trata de mujeres muy jóvenes, solteras, que fueron obligadas por sus familias a desprenderse de sus hijos.

¿Qué sucede con los traficantes de niños?
Graciela: A la Agrupación se acercan también padres a quienes les han dicho que sus hijos murieron en el parto. Cuando van a buscar la partida de defunción resulta que está firmada por testigos, que son trabajadores del hospital, pero sucede que los padres estaban ahí y su firma no fue requerida. ¿Cómo puede ser que no esté asentada la firma de los propios padres en la partida de defunción?
Nosotros le estamos pidiendo al Estado que arbitre los medios para que podamos acceder a los libros de parto de los hospitales, porque en el caso de las apropiaciones o adopciones ilegales se carece de un expediente donde consultar nuestra identidad biológica. Salvo en un par de casos, en la mayoría de los hospitales o clínicas se niegan a colaborar, argumentando que los archivos se perdieron o quemaron. Y mucha gente, desinformada, les cree y abandona la búsqueda. Es una mentira: los libros de parto se conservan siempre. No hay que bajar los brazos y seguir buscando.

   

Agrupación Quienes Somos?
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